Algo muy grave va a suceder en este pueblo… y quizá ya está sucediendo
Por Carlos Hernández | RCU Noticias
Hay historias que envejecen. Y hay otras que, con el paso de los años, parecen haber sido escritas para el día de hoy.
«Algo muy grave va a suceder en este pueblo», de Gabriel García Márquez, pertenece a las segundas.
El relato comienza con una mujer que tiene el presentimiento de que algo terrible ocurrirá en su pueblo. No sabe qué, no tiene pruebas, no identifica una amenaza concreta. Solamente lo siente. A partir de ahí, una conversación aparentemente inocente comienza a transmitirse de persona en persona hasta convertirse en certeza colectiva.
Alguien escucha el rumor. Otro lo repite. Un tercero le agrega un detalle. Alguien más decide prepararse "por si acaso". Y cuando el pueblo se da cuenta, ya no está reaccionando ante un hecho: está reaccionando ante una historia que todos han ayudado a construir.
El desenlace es absurdo y, precisamente por eso, inquietante.
García Márquez nos mostró hace décadas cómo puede fabricarse una realidad a partir de una percepción, un rumor y una cadena de repeticiones. El cuento sigue disponible en repositorios educativos como Educ.ar, que lo incluye dentro de sus materiales de literatura latinoamericana. ([Educ.ar][1])
Hoy ya no necesitamos que alguien vaya de casa en casa contando el rumor.
Tenemos Facebook, WhatsApp, TikTok, X, grupos comunitarios y páginas que compiten permanentemente por nuestra atención.
Y ahí está el verdadero problema.
El rumor ahora tiene algoritmo
Vivimos en una época en la que una noticia verdadera puede tardar horas en confirmarse, pero una mentira puede recorrer una región entera en cuestión de minutos.
Una fotografía fuera de contexto. Un video de otro estado presentado como si hubiera ocurrido aquí. Una captura de pantalla sin origen. Un supuesto comunicado. Una amenaza que nadie ha confirmado. Una "fuente cercana" que nunca aparece. Un titular construido deliberadamente para provocar miedo.
Y entonces aparece la frase mágica:
"Se dice que..."
Después viene el inevitable:
"Me informaron que..."
Y finalmente:
"Ya está confirmado."
¿Confirmado por quién?
Esa debería ser una de las primeras preguntas que nos hiciéramos como ciudadanos.
Porque compartir información no es un acto neutral cuando esa información puede provocar miedo, indignación, señalamientos, compras de pánico, conflictos sociales o daños a la reputación de una persona.
El problema no es solamente que existan noticias falsas.
El problema es que hemos desarrollado una preocupante tolerancia hacia ellas.
El negocio del miedo
Hay páginas que han descubierto algo muy rentable: el miedo genera tráfico.
Una noticia equilibrada puede tener menos interacciones que una advertencia alarmista. Un titular prudente puede perder frente a uno que grita "¡URGENTE!", "¡ALERTA!", "¡ÚLTIMA HORA!" o "¡TERRIBLE LO QUE ESTÁ PASANDO!".
La lógica es sencilla: mientras más emociones provoque una publicación, más posibilidades existen de que sea compartida.
Y mientras más se comparte, más visibilidad obtiene.
El problema aparece cuando la búsqueda de clics termina sustituyendo al periodismo.
No toda página de Facebook es un medio de comunicación. No toda persona que publica información es periodista. Tener miles de seguidores no convierte automáticamente a alguien en una fuente confiable.
Y tampoco todo periodista está exento de equivocarse.
La diferencia está en algo mucho menos espectacular, pero infinitamente más importante: La responsabilidad con lo que se publica.
Preguntar. Contrastar. Confirmar. Identificar la fuente. Dar contexto. Escuchar a las partes involucradas. Corregir cuando se comete un error.
Eso puede parecer lento en la época de la inmediatez.
Pero es precisamente lo que distingue a la información responsable del simple ruido digital.
El problema tampoco es solamente de los medios
Sería cómodo responsabilizar exclusivamente a quienes producen contenido.
Pero el público también tiene una responsabilidad.
Porque cada "compartir" es una pequeña decisión editorial.
Cada vez que reenviamos una captura sin verificar, ayudamos a convertir una sospecha en una versión de los hechos.
Cada vez que difundimos una acusación sin pruebas, podemos estar dañando a alguien.
Cada vez que compartimos una noticia falsa porque "más vale prevenir", contribuimos a crear el ambiente de miedo que después criticamos.
En el cuento de García Márquez, el rumor crece porque cada habitante aporta algo a su propagación. Nadie parece ser responsable del desastre final y, sin embargo, todos participaron en construirlo.
Ahí está una de las grandes lecciones de la historia.
La desinformación rara vez necesita un solo responsable.
Necesita muchos pequeños colaboradores.
¿Y los medios locales?
Los medios de comunicación regionales tenemos una obligación todavía mayor.
En una comunidad, una noticia no ocurre en abstracto.
Tiene nombres, familias, negocios, escuelas, autoridades, trabajadores y vecinos.
Una publicación irresponsable puede tener consecuencias reales y muy concretas.
Por eso un medio local no debería preguntarse únicamente:
"¿Esto generará visitas?"
También debería preguntarse:
"¿Esto es cierto?"
"¿Cómo lo sé?"
"¿Qué fuente tengo?"
"¿Estoy dando contexto?"
"¿Qué consecuencias puede tener publicarlo de esta manera?"
Y existe una pregunta todavía más incómoda:
"¿Lo publicaría igual si no existieran los clics?"
Quizá ahí encontremos una buena medida de nuestra responsabilidad.
Porque el periodismo no consiste en ser los primeros en publicar cualquier cosa.
Consiste en intentar que aquello que publicamos sea digno de la confianza de quien nos lee.
No se trata de dejar de cuestionar
También sería un error confundir responsabilidad periodística con silencio.
Los ciudadanos tenemos derecho a cuestionar a las autoridades, denunciar irregularidades, exigir explicaciones y señalar problemas.
Un periodismo responsable no es un periodismo complaciente.
Precisamente lo contrario.
La crítica periodística necesita pruebas porque pretende ser tomada en serio.
Una denuncia sin evidencia puede terminar debilitando una causa legítima. Un rumor puede convertirse en una cortina de humo. Una acusación falsa puede destruir una reputación y, paradójicamente, ayudar a que un problema verdadero deje de ser escuchado.
Por eso verificar no significa proteger a nadie.
Significa proteger la verdad.
Quizá el cuento de García Márquez no habla del futuro
Cuando el pueblo de García Márquez finalmente entra en pánico, ya nadie parece preguntarse quién originó el rumor ni qué evidencia existía.
Todos están demasiado ocupados reaccionando.
Y quizá esa sea la parte más contemporánea del cuento.
Nos hemos acostumbrado a reaccionar antes de comprender.
Compartimos antes de leer.
Opinamos antes de conocer.
Condenamos antes de preguntar.
Y muchas veces creemos algo simplemente porque muchas personas también parecen creerlo.
Pero una mentira repetida mil veces no se convierte en verdad.
Solamente se convierte en una mentira más difícil de desmontar.
Por eso, frente a cada publicación alarmista, deberíamos recuperar una costumbre aparentemente sencilla: detenernos.
Leer.
Preguntar.
Verificar.
Esperar.
Y después decidir si vale la pena compartir.
Porque quizá hoy el verdadero "algo muy grave" no sea aquello que anuncia el rumor.
Quizá sea la facilidad con la que estamos permitiendo que el rumor decida por nosotros qué debemos sentir, qué debemos pensar y contra quién debemos indignarnos.
García Márquez imaginó un pueblo destruido por una cadena de palabras.
Nosotros tenemos algo que aquel pueblo no tenía: herramientas para comprobarlas.
La pregunta es si tendremos también la voluntad de utilizarlas.
Porque en tiempos de infodemia, publicar es una responsabilidad; compartir también.
Y antes de preguntarnos qué tan grave es lo que supuestamente está sucediendo en nuestro pueblo, quizá deberíamos preguntarnos algo mucho más sencillo:
¿Quién lo dijo, cómo lo sabe y dónde están las pruebas?
A veces, esa pregunta puede ser suficiente para detener el incendio antes de que alguien empiece a quemar el pueblo.
[1]: https://www.educ.ar/recursos/124740/aglo-muy-grave-va-a-suceder-en-este-pueblo-de-gabriel-garcia"«Algo muy grave va a suceder en este pueblo» de Gabriel García Márquez (texto) | Educ.ar, portal educativo de la Secretaría de Educación" Ver menos
