12 de septiembre de 2026
Hay días que uno sabe que va a recordar durante toda la vida. Para mí, hoy es uno de ellos.
Esta mañana defendí mi tesis doctoral y, después de presentar mi investigación y responder las preguntas del cuerpo de sinodales, recibí una noticia que representa el cierre de una de las etapas académicas más importantes de mi vida: la decisión fue unánime. Hoy obtuve el grado de Doctor.
La sustentación tuvo lugar en el marco de las actividades realizadas en la sede del CRES Paulo Freire en Rafael Lucio, Veracruz. En mi caso participé a distancia, frente a mi computadora, desde donde expuse y defendí el trabajo que durante tanto tiempo había preparado.
Puede parecer curioso que un momento tan grande ocurriera frente a la pantalla de una laptop. Sin embargo, detrás de esa pantalla estaban dos años de estudio, lecturas, clases, correcciones, desvelos, dudas, aprendizajes, reuniones, investigación y muchas horas dedicadas a una tesis que poco a poco dejó de ser solamente un requisito académico para convertirse en parte importante de mi propia historia.
Mi investigación, titulada “Capacitación en el uso de la Inteligencia Artificial para mejorar las prácticas de educación inclusiva en los docentes de la Telesecundaria Lázaro Cárdenas del Río de Cardel, Veracruz”, me permitió unir temas que considero fundamentales para la educación de nuestro tiempo: la inclusión, la formación docente y el aprovechamiento responsable de la inteligencia artificial.
Hoy me correspondió defender ese trabajo.
Expuse sus fundamentos, expliqué las decisiones metodológicas, presenté sus resultados y respondí las preguntas formuladas por el cuerpo sinodal. Después llegó el momento de escuchar el resultado:
Aprobado por unanimidad.
Confieso que escribir esas palabras todavía produce una emoción difícil de explicar.
Este logro lleva mi nombre, pero de ninguna manera fue construido en soledad.
Mi agradecimiento profundo al CRES Paulo Freire, a quienes fueron mis docentes durante este recorrido y a todas las personas que participaron en mi formación doctoral.
De manera muy especial, agradezco a mi asesora de tesis, la Dra. Arianne Saraí Bueno Rendón, por acompañarme durante uno de los procesos académicos más exigentes que he vivido. Gracias por las observaciones, las correcciones, la orientación y también por el acompañamiento humano que existe detrás de una tesis terminada.
Mi reconocimiento y gratitud también al cuerpo de sinodales, por la lectura de mi investigación, sus preguntas y el diálogo académico sostenido durante la sustentación.
A mis compañeros de la Generación #14 del Doctorado en Educación y Cultura Digital Pedagógica, gracias por compartir conmigo esta etapa. Como subjefe de grupo tuve la oportunidad de vivir este proceso no solamente desde mi trayectoria individual, sino también desde el compañerismo, las preocupaciones, las risas, las dificultades y las satisfacciones que fuimos compartiendo como generación.
Gracias también a las autoridades, docentes y participantes de la Telesecundaria Lázaro Cárdenas del Río de Cardel, porque una investigación educativa adquiere verdadero sentido cuando sale de los libros y se encuentra con las personas y con las necesidades reales de una comunidad escolar.
Y, por supuesto, gracias a mi familia, a mis amigos y a todas las personas que durante estos años tuvieron una palabra de ánimo, preguntaron cómo iba la tesis, celebraron los avances y estuvieron presentes cuando las cosas parecían complicarse.
Hoy también pienso en quienes hicieron posible que yo pudiera llegar hasta aquí mucho antes de que existiera siquiera esta tesis.
Por eso, en medio de tantas palabras académicas, títulos, grados y reconocimientos, quiero reservar unas palabras mucho más sencillas y personales:
un aplauso para mami y papi.
Porque hay logros que comienzan mucho antes de entrar a un salón de clases. Comienzan con quienes estuvieron ahí desde el principio, sosteniendo, acompañando y, muchas veces, rompiéndose para que uno pudiera seguir adelante.
Este logro también les pertenece.
No quiero presentar este momento como una historia perfecta. No lo fue.
Hubo cansancio. Hubo frustración. Hubo páginas que tuvieron que escribirse nuevamente, observaciones que obligaron a regresar al trabajo, noches largas y momentos en los que parecía que la tesis nunca terminaría.
Pero terminó.
Y esta mañana, frente a mi computadora, después de responder la última pregunta y escuchar la resolución del cuerpo sinodal, todo aquello adquirió otro significado.
El doctorado me deja conocimientos, herramientas y un grado académico, pero también algo mucho más importante: una responsabilidad.
Porque un grado académico pierde buena parte de su sentido si el conocimiento se queda únicamente en un título, en una pared o junto al nombre de quien lo obtuvo.
Por eso, al cerrar esta etapa, quiero decir también públicamente que me pongo al servicio de la sociedad y de la comunidad educativa.
Quiero que lo aprendido durante estos años pueda transformarse en proyectos, acompañamiento, investigación, formación, inclusión, innovación y oportunidades para otras personas. Particularmente, quiero seguir trabajando para demostrar que la tecnología y la inteligencia artificial pueden ponerse al servicio de una educación más accesible, humana e inclusiva.
Este doctorado no representa para mí un punto de llegada. Representa también el compromiso de devolver, compartir y construir.
Muy pronto conocerán algunas de las formas en las que podremos colaborar.
Vendrán nuevos proyectos, nuevas responsabilidades y seguramente nuevos desafíos. Hoy comienza otra etapa en la que espero encontrarme con docentes, instituciones, estudiantes, investigadores y comunidades con quienes podamos transformar las ideas en acciones concretas.
Pero antes de comenzar todo eso, quiero permitirme por un momento mirar hacia atrás y reconocer el camino recorrido.
Hace dos años comenzó una aventura académica.
Hoy, 12 de septiembre de 2026, puedo escribir una frase que durante mucho tiempo estuvo colocada en el futuro:
Soy Doctor.
Y lo soy después de haber defendido mi investigación y haber recibido el voto unánime del cuerpo sinodal.
Gracias a quienes caminaron conmigo para llegar hasta aquí.
Gracias a quienes creyeron.
Gracias a quienes enseñaron, corrigieron, acompañaron y alentaron.
A mami y papi, ese abrazo que quizá ninguna fotografía pueda contener.
Y a partir de hoy, con gratitud por lo recibido y responsabilidad por lo que viene, pongo mis conocimientos y mi trabajo al servicio de los demás.
Lo que sigue, lo construiremos juntos.
Dr. Carlos Hernández Montero
Doctor en Educación y Cultura Digital Pedagógica
Generación #14
CRES Paulo Freire
