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Hoy terminó una etapa de mi vida que durante mucho tiempo vi a la distancia: concluí mis clases del Doctorado en Educación y Cultura Digital Pedagógica

RAFAEL LUCIO

SÁBADO 05/09/2026

 Es extraño escribirlo. Durante estos años hubo trabajos, lecturas, exposiciones, investigaciones, correcciones, fines de semana frente a la computadora, dudas, cansancio y momentos en los que parecía que todavía faltaba demasiado. Y, sin embargo, llegó el día de la última clase.

Formar parte de la Generación #14 del Centro Regional de Educación Superior “Paulo Freire” ha significado mucho más para mí que cursar un programa académico. Ha sido una experiencia de crecimiento intelectual, profesional y, especialmente, humano.

Además, tuve la oportunidad y la responsabilidad de desempeñarme como subjefe de grupo. Desde ese lugar pude vivir el doctorado no solamente desde mi proceso individual, sino también desde el compañerismo: estar pendiente, acompañar, organizar, escuchar, compartir preocupaciones y celebrar los avances de quienes emprendimos juntos este camino.

Hoy miro a mis compañeros y pienso en todo lo que vivimos para llegar hasta aquí. Cada uno conoce sus propias batallas, sus sacrificios y las circunstancias que tuvo que enfrentar para permanecer. Por eso terminar nuestras clases tiene un significado especial. No llegamos siendo exactamente las mismas personas que comenzaron este recorrido.


También estoy orgulloso de mí

A veces resulta más sencillo agradecer a los demás que detenernos a reconocer nuestro propio esfuerzo.

Hoy quiero permitírmelo.

Estoy orgulloso de mí.

No porque considere que todo haya sido perfecto. Precisamente porque no lo fue.

Hubo cansancio. Hubo inseguridad. Hubo correcciones que parecían interminables. Hubo momentos en los que tuve que exigirme un poco más y otros en los que simplemente tuve que recordar por qué había comenzado.

Pero seguí.

Y detrás de cada página de mi tesis, de cada exposición y de cada trabajo entregado hay horas de estudio, disciplina, terquedad, aprendizaje y una enorme voluntad de llegar hasta el final.

Para alguien que ha aprendido a lo largo de su vida que muchas metas requieren encontrar caminos distintos para alcanzarlas, llegar a este momento tiene un significado todavía más profundo.

No quiero mirar este logro desde la autocompasión ni desde la idea de haber hecho algo imposible. Prefiero mirarlo desde otro lugar: desde la dignidad de haber trabajado por aquello que quería y haberme permitido aspirar cada vez a algo más.

Una tesis que habla también de aquello en lo que creo

Mi investigación doctoral lleva por título:

“Capacitación en el uso de la Inteligencia Artificial para mejorar las prácticas de educación inclusiva en los docentes de la Telesecundaria Lázaro Cárdenas del Río de Cardel, Veracruz”.

No fue un tema elegido al azar.

Durante este proceso confirmé algo en lo que creo profundamente: la tecnología solamente adquiere verdadero sentido educativo cuando ayuda a construir oportunidades para las personas.

La Inteligencia Artificial puede ser una herramienta extraordinaria, pero su verdadero valor dentro de la educación no está únicamente en lo novedoso de la tecnología, sino en lo que los docentes pueden hacer con ella para responder mejor a la diversidad de sus estudiantes.

Mi investigación fue también una oportunidad para acercar esa discusión a un contexto concreto, real y cercano. Para observar, intervenir, aprender y generar evidencia desde una telesecundaria de nuestra región, entendiendo que las grandes transformaciones educativas también pueden comenzar desde espacios locales.

Nadie llega completamente solo

Si algo me deja este doctorado es la certeza de que los logros académicos llevan un nombre en la portada, pero detrás de ellos existen muchas personas.

Mi agradecimiento a mis compañeros de la Generación #14, por estos años compartidos y por todo lo que aprendimos unos de otros.

A nuestros docentes, por sus conocimientos, observaciones y exigencias.

Y de manera muy especial, a mi asesora de tesis, la Dra. Arianne Saraí Bueno Rendón, por su acompañamiento académico y humano durante el desarrollo de nuestra investigación. Una tesis doctoral necesita metodología, teoría, datos y argumentos, pero durante su construcción también hacen falta orientación, paciencia, diálogo y alguien capaz de señalar lo que todavía puede mejorar.

Gracias, Dra. Ari, por acompañarnos durante este proceso.

También agradezco profundamente a quienes, desde mi familia, mis amistades y mi entorno cercano, han estado presentes durante estos años. Muchas veces apoyar un proyecto académico significa aceptar ausencias, escuchar preocupaciones, celebrar pequeños avances o simplemente estar allí cuando el cansancio aparece.

Este logro también tiene algo de todos ustedes.

Falta un último momento

Las clases terminaron, pero todavía no puedo escribir “misión cumplida”.

El próximo sábado 12 de septiembre llegará uno de los momentos más importantes de todo este recorrido: defenderé mi tesis doctoral ante el comité sinodal.

Será el momento de explicar qué investigué, por qué lo hice, cómo desarrollé el estudio, cuáles fueron sus resultados, cuáles son sus alcances y también reconocer con responsabilidad sus limitaciones.

Confieso que hay nervios.

Sería extraño que no los hubiera.

Pero junto a ellos existe algo que hoy pesa mucho más: la tranquilidad de saber cuánto trabajé para llegar preparado a ese momento.

No necesito demostrar que mi investigación es perfecta. Necesito demostrar que la conozco, que puedo defender las decisiones que tomé y que comprendo aquello que sus resultados permiten afirmar y aquello que todavía queda por investigar.

Eso también significa convertirse en doctor: aprender que el conocimiento no consiste en tener todas las respuestas, sino en saber formular mejores preguntas y asumir con responsabilidad aquello que podemos sostener con evidencia.

Hoy quiero guardar este momento

Dentro de algunos años probablemente recordaré el día de la defensa, el resultado y la emoción que venga después.

Pero no quiero olvidar este día.

El día en que terminaron mis clases de doctorado.

Porque los grandes logros no ocurren únicamente cuando recibimos un documento, pronunciamos un discurso o escuchamos un veredicto. También están construidos por pequeños momentos en los que podemos detenernos, mirar hacia atrás y reconocer cuánto camino hemos recorrido.

Hoy soy Carlos Hernández Montero, comunicólogo, maestro en Tecnologías Aplicadas a la Educación, director de un proyecto periodístico que amo, estudiante de doctorado y subjefe de una generación que está a punto de cerrar una etapa extraordinaria.

Todavía falta defender la tesis.

Todavía faltan esos minutos frente al comité sinodal.

Todavía falta escuchar el resultado.

Pero esta noche puedo permitirme algo que quizá durante estos meses de trabajo no hice suficientemente:

mirarme con orgullo.

Orgullo por haber llegado.

Orgullo por no haber abandonado.

Orgullo por seguir aprendiendo.

Y una enorme gratitud hacia todas las personas que caminaron conmigo hasta aquí.

El próximo sábado entraré a defender una investigación.

Pero también entraré llevando conmigo cada clase, cada corrección, cada conversación, cada madrugada de trabajo, cada duda superada y cada persona que creyó en este proceso.

Hoy termina una etapa.

El sábado comienza el último capítulo de esta historia.

Y estoy listo para escribirlo.

Carlos Hernández Montero
Subjefe de grupo — Generación #14 -2024-2026-
Doctorado en Educación y Cultura Digital Pedagógica
Centro Regional de Educación Superior “Paulo Freire”